Conocer el lenguaje de la música a través de juegos, coreografiar valses o canciones rockeras, crear nuestra propia pieza musical, hacer improvisaciones en grupo o crear una banda de jazz, son motivos por los que nos flipa la clase de música. Escucharnos, respetarnos y trabajar en equipo es fundamental para que salga el mejor creador que todos llevamos dentro. Nos gusta invitar a la clase a artistas que enriquezcan nuestras sesiones, que nos presten sus instrumentos, que nos cuenten de qué va la música que tocan…Durante la hora de clase, nos gusta alimentar nuestro oído y, por supuesto, nuestro gusto musical.